El Athletic se congela
Escribo con las manos congeladas y el alma en vilo. En mi casa hace más frío que en la calle. El gélido pesar de la incertidumbre por el qué será. Estoy helado y sin embargo no decaigo. El Athletic deambulaba por Europa con zarpazos de felino fiero, sin sucumbir a los cebos de furtivos. Pero de vez en cuando, como hoy, se agazapa a la sombra del árbol. El frío de Moscú atacó al pasto y la gabardina no abrigó lo necesario. A cada bocanada de aire se dañaba los pulmones por el tiempo, y el juego se amparó en el celibato.
Con el esférico sangrando, bajo un manto de nieve sencilla, pesada, se ejercitó el Athletic intentando descubrir aquél que se pasea por la Copa. No lo logró por el invierno moscovita, que ya desgarró a grandes ejércitos como el de Napoleón o Hitler. Sobreponerse al tiempo no parecía complicado cuando Muniain adelantó a los rojiblancos (hoy vestidos con la vasca). Pero la segunda parte, como un alud, arrolló a los visitantes con goles de Glushakov y Caicedo. Todo se decidirá en San Mamés, templo de culto dispuesto para liturgias deportivas. En el horizonte está el Manchester United, equipo que genera apetito y placer en la parroquia bilbaina. Sería un encuentro digno de la temporada y dominio de este Athletic de Bielsa. Su idiosincrasia lo precisa. Oremos.



