Empieza un blog… empieza ya

Siempre quise ser Periodista. No sé cómo empezó mi deseo por escribir en un diario matutino de escasa difusión local. Quizá con los cómics de Tintín que leía de pequeño (y que se convertirían en el punto de partida por mi afición-obsesión por la lectura) acosatado en la cama y a la luz de un diminuto flexo que desprendía un olor a polvo calcinado. Tal vez mi vocación sea algo espiritual, una pieza que encaja en este mundo desperdigado. Lo cierto que siempre quise ser Periodista.

Y voy camino de conseguirlo. Algunos dirán que un periodista no es aquel que consigue un título en los pertinentes estudios, sino que para ser un profesional hay que salir a la calle, vérselas con el mundo exterior. Estoy de acuerdo, de ahí mi distinción entre “Periodista” y “periodista”. (Las mayúsculas son de vital importancia). El título está cerca, a la vuelta de la esquina. Pero quiero comenzar a sentirme un miembro activo de esta secta de tipos raros, superar la prueba de acceso a este especial club. Y aunque no pueda desarrollar mis aspiraciones de forma profesional y zambullirme en las aguas del periodismo, el mundo digitalizado y de herramientas multimedia posibilita que el novel pueda introducirse en el océano mojando los pies; gracias a los blogs no es necesario lanzarse al agua sin flotador, se puede aprender a nadar antes de cruzar a nado el estrecho.

Es una cosa que intuía hace bastante tiempo, pero la vaguedad de un joven y la hiperagenda que debe cumplir, impiden con frecuencia iniciarse en este maravilloso mundo. Sin embargo, hay señales obvias que incitan a abandonar esa torpeza juvenil. Marcas legibles aún con los ojos cerrados. Así ocurrió cuando ojeando uno de los cientos de blogs que sigo con frecuencia, “sinfuturoysinunduro”, alcancé a vilsulbrar un aviso que parecía ir dirigido a mí personalmente: 25 consejos para mejorar una carrera periodística. El primer consejo era “Empezar un blog”, y el último “Empieza ya”. Así que me dije, no hay más que hablar. Es hora de abandonar la hastiosa pereza que me envuelve al comenzar a tamborilear esas pequeñas teclas del ordenador. Debía hacer como Tintín y lanzarme a una aventura cuyo fin aún no he leído. Intuyo que termina en un periódico… o quizá fantaseo.

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