Archive | marzo 2010

Impresiones

Llevo toda la mañana pensando si escribir o no sobre el tema del día: el partido de Champions en el que el Real Madrid se juega su continuidad en Europa. Es el momento clave (uno entre tantos) de este equipo dibujado para alcanzar los máximos éxitos. Sin embargo, comienzo a pensar que hablar de fútbol es un recurso tan extendido en nuestro país que no voy a decir nada nuevo. Todo está dicho, ya sea por el periodista de turno o por el trabajador que comienza la mañana en el bar de José y conversa con sus amigos entre el olor del café recién hecho. He ojeadodo varios diarios deportivos y ninguno logra eludir los grandes tópicos, la propia jerga de este fenomenal ambiente. Todo el colectivo del fútbol maneja un lenguaje similar, unas metáforas sospechosamente idénticas y un modo de expresarse que no varía entre la mayoría. Parece que un demiurgo deportivo maneja los hilos del mundillo y no permite que nadie rebase los límites que ha impuesto: “el partido de esta noche es una gran final”, “es el momento oportuno para medir el potencial del conjunto blanco”, “los de Pellegrini están obligados a no fallar”, “se invocará al espíritu Juanito de las grandes noches europeas”… ¡Pamplinas!

Estoy harto de leer lo mismo una y otra vez, pero he de reconocer que yo he sido el primero en caer en este estructuralismo cuando de fútbol he hablado. Es fácil quejarse, sin duda lo más fácil, lo complicado es proponer soluciones. No obstante, la continuación de esta línea periodística tendrá algo que ver con su éxito. Dudo mucho que permaneciera inalterable si no tuviese un público potencial adaptado ya. Pero debemos ir más allá. Debemos eludir esas previas informativas cuyo contenido, de no ser por el nombre de los equipos, valdría para partidos distintos. ¿Y cómo lograrlo?

Es necesario huír de esos vulgarismo repetidos una y otra vez. Por ejemplo, partido del siglo SÓLO hay uno, y aún no ha llegado (llegará cuando España juegue la final del Mundial). Que no nos hagan creer que en una temporada pueden llegar a encontrarse cuatro de ellos. Y cuando lo hagan, no les creamos.

Que no nos digan que el Madrid tiene atado a medio centenar de jugadores. Que no nos inyecten, como si de una droga se tratase, la opinión de que Guti se merece ir a la selección. Que no sugieran la madriditis ni suelten el rumor de que Guardiola comienza a salirse de sus casillas. Que no divulguen una crisis por dos malos resultados. Que no nos digan lo que tenemos que pensar, porque por mucho que Cristiano le rompiese la nariz a Heitinga sin intención, una agresión es una agresión. Que no vistan a Casillas ni Palop como santos. Que no eleven a las alturas a medio-jugadores como Canales, que todavía no han demostrado nada. Que no nos vendan duros por cuatro pesetas. Y si lo hacen no les creamos.

El fútbol es un mundo maravilloso. Y también es una mafia: desde las categorías inferiores de juveniles que se rifan a chavales de 16 años (venga por favor, dejémosles jugar al fútbol), hasta los más altos niveles de la profesión, donde se pactan salarios descomunales por posar con los calzoncillos de Calvin Klein. Esta noche es noche de Champions, y a las 20.30 seré el primero que, cerveza en mano, tendrá los pelos de punta al oir sonar el himno de esta competición. Sin embargo a las 23.00 el resultado habrá quedado obsoleto en mi magín. Gane o pierda el Madrid, mañana tendré que levantarme a la misma hora y volver a encender el ordenador para escribir mis impresiones sobre el partido. Y nadie me deberá nada.

Dei Nikolayevich

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Lunes: el libro de la semana

Hay periodistas de todos las clases. Algunos son reporteros, dígase Kapúscinski. Otros, aunque del mismo corte, menos literarios, como Jon Lee Anderson. Algunos de izquierdas, otros de derechas. Muchos bebedores y casi todos adictos a la lectura. Cada periodista que se cuece en el horno de la Universidad tiene su homólogo favorito en el que inspirarse. Yo, (algo raro según mis amigos), tengo varios. Entre ellos, el más especial por la seducción de sus textos y por su turbulenta existencia, es Mariano José de Larra. Novedoso en el arte de la escritura y tormentoso en el amor. Su literatura le mantiene vivo porque a pesar del tiempo transcurrido, sus artículos son eternamente inalterables.

Superando el costumbrismo sencillo y frágil, Larra consigue descubrir el alma humana española, en unos textos de enasiymo formidable. A modo de estereotipos Mariano José descubre situaciones cotidianas que contienen fuertes connotaciones culturales. Desde el reconocidísmo “Vuelva usted mañana”, hasta el burlesco “Yo quiero ser cómico”, los textos de Larra contienen un matiz inquebrantable en todos ellos e inspirador: su crítica, en forma de caricatura, de la sociedad española. Una visión, algo afrancesada, pero en el fondo española, de proponer pluma en mano, los problemas y soluciones de una España a la deriva.

Por Fígaro, por su visión crítica sobre los comportamientos sociales, no sobre los individuos. Por sus amerretidas contra empresarios y actores que interpretan malas comedias traducidas. Por su castigo hacia la ignorancia y el mal gusto, hacia quienes escriben con descuido lo que publican. Por el Pobrecito Hablador.  Por eso y por mucho más animo a todo aquel que se asome ante este post a leer los “Artículos costumbristas” de Larra. Por el Periodismo (con mayúsculas) y por uno de los grandes periodistas en el que los jóvenes pueden fijarse. Por Larra y Josefina. Por su vida.

Dei Nikolayevich

El mundo gira

Hay novedades en el útlimo diario. El director de Público, Félix Monteira ha sido nombrado nuevo secretario de Estado de Comunicación. Cede el timón al subdirector del diario Jesús Maraña, y lo hace tras superar la barrera de los 100.000 ejemplares tal y como informa el propio diario.

Pero las cosas no cambian de un día para otro, esperemos que continúe esta linea editorial (algo que, por otra parte, no dudo). Mientras tanto, antes de ayer pude leer en Público una noticia algo irrisoria: Bono lo tiene claro: no va a dejar de comulgar porque forma parte de sus “convicciones”, y si es necesario, cambiará de sacerdote para cumplir con este sacramento.

Son muchos los que piensan que a pesar de que Bono cambie de intermediario con el alto mando la hostia va a ser la misma. Y así debiera suceder, porque si Dios se manifiesta en el cuerpo de un sacerdote, no tiene sentido que cambie de idea al trasladarse a otro más menudo… Pero quién sabe. Cada cuerpo reacciona de manera distinta ante agentes externos, y si no que le pregunten a Artur Domoslawski: le picó la araña de la envidia, y en vez de disfrazarse con mallas de superhéroe y atacar a la injusticia, se travestió de injusto con su maestro Kapuscinski. Despreció al reportero del siglo en su reciente libro Kapuscinski, non fiction. Todavía me resisto a creer que la nueva versión sea cierta. Pienso que debo pensar que es fruto de una necesidad imperiosa por hacerse oír, aunque para ello haya que destruir a otros. No sería la primera vez. Y desde luego tampoco la última.

Mientras tanto la Tierra continúa con sus movimientos circulares, ajena al cataclismo que se está cociendo en los fogones del planeta. Los Oscar se avecinan y hoy se estrena la tercera parte de Millenium en cine. Dos malas noticias. La producción cinéfila de este año no es una de las mejores. No hay que ser muy avispado para observar que las nueve candidaturas de Avatar (una de las favoritas) son fruto del egocentrismo de una industria que lucha por renacer. El autobombo de un sistema que premia la taquilla en vez de la calidad. Dudo que haya grandes sorpresas en la entrega de las estatuillas, por eso ni si quiera quiero molestarme en pronosticar mi particular quiniela. Sólo vaticino una cosa: Los Oscar están de capa caída.

Pero al fin y al cabo la gala de Hollywood es una nimiedad comparada con el estreno de la tercera parte de Millenium. Ese último gran Best-Seller, que como con sus sucesores ha abarrotado los metros de las ciudades, las estaciones de tren y autobuses, y que ha estado en cabeza durante muchas semanas consecutivas en el ranking de libros más vendidos. ¡Si Don Alonso Quijada levantase la cabeza seguro se revolvería contra los herejes literarios y sugeriría la muerte de Lisbeth Salander! Y no le faltaría razón, pues por todos es sabido, que Don Quijote, aunque algo ido, actuaba de corazón.

Dei Nikolayevich

Revolución

Revolución es lo que pide Cuba, como ya se “concedió” en su día. El régimen se está estirando demasiado, tanto que la tensión comienza a quebrantar las leyes de la elasticidad. El sistema ya no es un sueño, desde hace mucho tiempo, y la utopía no se ve con buenos ojos. La transición pacífica parece diluirse con los nuevos acontecimientos. Toda una pena.

No soy un experto en el tema, pero sí se cuando alguien sabe contar lo necesario. Por ello invito al que le interese el asunto a leer  un excelente artículo de Enrique Meneses, que conoce la tierra y sabe de lo que habla.

Dei Nikolayevich

LLANTO DE LAS VIRTUDES Y COPLAS POR LA MUERTE DE DON GUIDO

Al fin, una pulmonía
mató a don Guido, y están
las campanas todo el día
doblando por él: ¡din-dan!

Murió don Guido, un señor
de mozo muy jaranero,
muy galán y algo torero;
de viejo, gran rezador.

Dicen que tuvo un serrallo
este señor de Sevilla;
que era diestro
en manejar el caballo
y un maestro
en refrescar manzanilla.

Cuando mermó su riqueza,
era su monomanía
pensar que pensar debía
en asentar la cabeza.

Y asentóla
de una manera española,
que fue casarse con una
doncella de gran fortuna;
y repintar sus blasones,
hablar de las tradiciones
de su casa,
escándalos y amoríos
poner tasa,
sordina a sus desvaríos.

Gran pagano,
se hizo hermano
de una santa cofradía;
el Jueves Santo salía,
llevando un cirio en la mano
—¡aquel trueno!—,
vestido de nazareno.
Hoy nos dice la campana
que han de llevarse mañana
al buen don Guido, muy serio,
camino del cementerio.

Buen don Guido, ya eres ido
y para siempre jamás…
Alguien dirá: ¿Qué dejaste?
Yo pregunto: ¿Qué llevaste
al mundo donde hoy estás?

¿Tu amor a los alamares
y a las sedas y a los oros,
y a la sangre de los toros
y al humo de los altares?

Buen don Guido y equipaje,
¡buen viaje!…
El acá
y el allá,
caballero,
se ve en tu rostro marchito,
lo infinito:
cero, cero.

¡Oh las enjutas mejillas,
amarillas,
y los párpados de cera,
y la fina calavera
en la almohada del lecho!
¡Oh fin de una aristocracia!

La barba canosa y lacia

sobre el pecho;
metido en tosco sayal,
las yertas manos en cruz,
¡tan formal!
el caballero andaluz.

Antonio Machado es uno de los grandes poetas que caminaron por nuestra España de charanga y pandereta. Sobran las palabras.

Llegó a mis manos un libro recopilatorio de Machado. En la portada, la firma de mi abuelo. Qué mejor herencia que algo tan duradero como la poesía de Don Antonio. Cuando ojeé la obra por primera vez, había algunas páginas marcadas, otras arrancadas, y casi todas gastadas por el uso. Sospecho que era uno de sus libros de cabecera. Esta poesía, junto a otras como “El entierro de un amigo” estaba subrayada en el índice, esperando a que alguien la interpretase una y otra vez. Así lo he hecho mil veces, y aquí la dejo para que cada uno la lea a su manera.

Dei Nikolayevich