El que ríe último…

De manera instintívamente mecánica cada mañana, después de desayunar y antes de lanzarme a la pradera de cemento, ojeo las versiones online de varios periódicos. En marca.com me topo con un video algo insólito. En un partido de baloncesto de la liga adríatica los jugadores del Ciborna se lanzan a celebrar la victoria antes del fin del encuentro. Unas pocas milésimas sirven a la plantilla del Partizan para lanzar un triple al más puro estilo “Película Americana con Rubias, Empellones y Deportistas Populares“, y conseguir anotar.

El caso no transciende más allá de la pura anécdota. No obstante, algo similar puede pasar mañana en nuestro país. Son muchos los que alzaron los brazos el pasado miércoles ante la derrota del Fútbol Club Barcelona en Champions. Tranquilidad. El deporte es la escuela de lo insólito, y cada día nos encontramos con evidencias que así lo atestiguan. Como el golazo que Maxi López, aquel jugador más conocido por su melena que por su juego, marcó el fin de semana. Pero ese no es el tema.

Es, por tanto, recomendable la mesura en situaciones de tales características. No por antes celebrar un gol, el partido termina a tiempo. Y es que 90 minutos, en este caso 180, dan para mucho, y si no, pónganse a revisar la videoteca: el Manchester fue eliminado ante el Bayer en los minutos finales hace dos semanas, saldando así la herida histórica que se abrió en Barcelona en 1999; hace unos años el Liverpool de nuestro Rafa remontó un 3-0 en la final ante el Milán; y hace unos días el Wigan le dió la vuelta al electrónico en los últimos minutos ante el Arsenal…

Cierto que ningúno de los que perdieron la ventaja tenían en su banquillo al multifuncional Mourinho, ni una escuadra tan bien asentada como la del Inter. Con denominación de origen Italia, un autobús estacionará en el área del Camp Nou, y no arrancará hasta terminar el encuentro. Será complicado superar esa muralla de músculo, pero el Barça es, hoy por hoy, el mejor equipo del mundo. Ese título le vale, al menos, el respeto para esperar a la conclusión de la eliminatoria para alzar los brazos, el que lo desee, por su derrota.

El 3-1 de la semana pasada es un buen resultado para el Inter, pero no definitivo. Un 2-0 clasifica a los de Guardiola. No sería la primera humillación de un equipo visitante en Barcelona. Ni la última. Toca aguardar a que el árbitro de comienzo al encuentro. Yo estoy ansioso por que lo haga para saber si puedo levantar los brazos o no, ya sea a favor de uno o de otro equipo.

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