Archive | junio 2011

La roja; ‘la rojita’

Antes de que comenzase el partido del Europeo sub-21 que enfrentaba a las selecciones de España e Inglaterra, denostaba el calificativo que los medios han otorgado a los nuestros: ‘la rojita’. Lo creía impuro y tosco por el juego y por su musicalidad. Esta selección ha demostrado su capacidad para rimar con la absoluta y deleitarnos con otro verano de disfrute, y merecía algo más que un simple diminutivo, a pesar de las evidentes carencias.

Es importante, en este tipo de torneos, comenzar con una victoria que despeje dudas y allane el camino hacia el objetivo. Y es importante lograrlo de cualquier forma, aunque para ello haya que “traicionar” el manual de estilo y sucumbir a los encantos de otras épocas. No sucedió ayer. La ausencia de verticalidad y mordida defensiva provocó que en el minuto 87, cuando deleitábamos una victoria trascendente, Inglaterra empatara el partido. La acometida de una gacela inglesa encontró la grieta por donde colarse y resquebrajó un monólogo de toque.

Comenzó el partido con la roja sabiéndose superior pero sin lograr un dominio aplastante. El fútbol, cuando quería, era suyo, a pesar de un par de estampidas blancas por la banda derecha. Inglaterra, fantasma kamikaze de su propia historia, se afanó en defenderse como bien pudo: balones largos y poco más, que no están los tiempos católicos. España hizo lo que supo, y como bien exigen los tiempos presentes, mostró un tiki-taka todavía por madurar y alternativas futuras para el timón de la nave principal. Con ello y la ausencia de un verdadero 9, se agarraron los nuestros al balón parado, y en el primer córner del encuentro un Javi Martínez incombustible cabeceó en el punto de penalti y Herrera coló el balón en las mallas. Macua se frotaba las manos y España comenzaba cumpliendo las expectativas.

La segunda parte, con el marcador a favor, Inglaterra no supo, no quiso o no pudo encontrar el método para bloquear el centro del campo español. Una verborrea de toques de los de Milla incomodaba a la selección inglesa, que acudían, impasibles, a un espectáculo similar al que nos acostumbra la absoluta española. Pero esta no es aquella y las imprecisiones, falta de killer y el desvanecimiento de la intensidad defensiva chocaban en un modelo conocido. Así las cosas, Milla pensó encontrar la solución sustituyendo al solitario Adrian por un Parejo reinventado en la base de sus viejos tiempos, y la bola se pegó a nuestras botas. Sonaban tímidos oles en un escenario demasiado medroso durante todo el encuentro, y a pesar de jugar con un esquema carente de mordida el partido se suponía tan nuestro que preferimos recrearnos. Salió Bojan y ganamos en referente, pero España seguía gustándose en la medular sin encontrar el último pase. No pegamos a puerta. No desbordaba por banda. No hallaban puerta. Cuestiones menores cuando se trata de mantener el resultado.

Pero el fútbol nos dio la espalda y la certeza nos nubló la vista. Inglaterra, vestida de corredora despegó por la derecha y el balón nos bajó al suelo. Pensamos en fuera de juego. Buscamos el fuera de juego. Pero gol subió al marcador y con él llegaron las prisas. Y a pesar de que la roja, la rojita, intentó retomar el control ya era demasiado tarde.

El empate sabe a poco porque España dominó todo el encuentro y porque sabíamos de la importancia de un buen comienzo en torneos de estas características. Pero a pesar de este inicio tan gris nada está perdido. También la absoluta tropezó en su primera cita en el Mundial de Sudáfrica y supo, más tarde, deshacer el nudo. Esperemos que tomen nota.