El caballo del malo

No soy amigos de grandes dispendios ni verborrea gestual. Celebro los goles con el corazón contenido en ademanes alejados de parafernalias exquisitas que levanten el vuelo. Soy conservador en aspavientos. Quizá por eso, en caso de ser entrenador, nunca me lanzaría al césped de rodillas ni correría fanfarroneando a lo largo del área técnica. Quizá por eso no me gustan las posturas alborozadas de Mourinho que levantan ampollas allá donde pasa y propaga herbicida sobra la césped que pisa y que parece que no volverá a crecer.

Pero no convivir con el protocolo del luso no le acredita como el malo de la película, ni todos sus gestos deben tomar la categoría de mojón deportivo. El pasado sábado 19 de noviembre, durante el encuentro que enfrentaba al Valencia con el Real Madrid, Mourinho celebró el gol de Cristiano, el 1-3, a lomos de Callejón. Lo hizo en un gesto de explosión entusiasta celebrando un tanto que parecía encarrilar la victoria en un territorio adverso. Sin embargo el saltito ha adquirido el cariz de gesto revelador, y Callejón se convirtió en el caballo del malo.

Mourinho, dicen algunos, cabalgó sobre un tic humillante para el valencianismo. Aspaviento antipático que le pudo salir caro si el árbitro en vez de córner hubiese concedido penalti por mano de Higuaín. No sufrió las consecuencias del posible empate, pero sí las de la crítica de cierto sector de la prensa.

Para salir absuelto de su festejo particular, Mourinho  aclaró que el saltito no insultaba a Mestalla sino que, por el contrario, su afición debía entenderlo como un acto de concordia para con ellos. Vino a decir algo así como que una celebración tan sentida debía alegrar a la parroquia valencianista por no poner las cosas sencillas al todopoderoso. Excusas baratas.

En su presentación como técnico blanco, Mourinho aseguró que no iba a cambiar. Por eso no es de extrañar que trote en la grupa de sus pupilos cuando la victoria está al caer, ni que escupa palabrería asentada en la excusa de la hipocresía de la prensa, ni que se sienta víctima de una conspiración internacional que pretende elevar al Barcelona a las alturas. Sabíamos cómo era, cómo actúa y qué podíamos esperar de él.

El portugués tiene un estilo cimentado en la polémica del verbo fácil. Formas bandidas que se han vuelto contra él y reaccionan a cada uno de sus actos con embestidas. Todo se mira con lupa. Y aunque su ademán de jinete obedezca a la explosión del sentimiento, él mismo se lo ha buscado.  Al fin y al cabo, se subió en el caballo del malo.

Artículo en Vavel.com

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