De olvido, venganzas y perdones

Escribió Borges alguna vez que “el olvido es la única venganza y el único perdón“. Pretérito desliz innecesario. Amnésica perspectiva en madridistas de bandera que estos días arrastran su pasado sin contemplar el surco dejado. Una muesca de júbilo que en la temporada pasada se basó en la posibilidad, para muchos certeza, de un desquite deportivo que les aupara definitivamente por encima de su rival. Ansiaban la óptica cenital de la clasificación sin prestar atención a las consecuencias que supondrían un resultado adverso.

 

 

Alentado por el perfume de la victoria Mourniho se presentó como paladín del triunfo. Caballero de la gloria y poseedor de la verdad absoluta, parecía conocer la artimaña que desfigurase al todopoderoso Barça. Ya lo había demostrado la temporada anterior con el Inter en la Liga de Campeones, y el madridismo apuntaló sus esperanzas en el descaro. De forma implícita se dio pie y soberanía a la pantomima deslucida.

Mourinho se batió entre la osadía y el desparpajo, escupiendo atrevimiento como una inyección que previniese males mayores. Con la palabrería pretendía insuflar el coraje y entereza para afrontar un partido que se presuponía clave en el devenir liguero. El resultado, 5-0.

La barroca ligereza que procuraba el luso se volvió en su contra. Henchidos y resentidos, en parte por la desvergonzada tropelía de su rival, y deseosos de revelar la hegemonía de su doctrina, los de Guardiola salieron al campo con la intención de demostrar sus cualidades donde consideraban que debían hacerlo. Mouinho no pudo eludir el reconocimiento a su rival.

A día de hoy las cosas se perfilan diferentes. El Madrid deslumbra con su estilo vertiginoso y feroz capaz de descomponer a sus rivales con dos zarpazos. Se encuentra por delante de su rival y golea con una facilidad pasmosa. El Barcelona, por el contrario, no mejora respecto al del año pasado, pero posee un catálogo más completo de cromos. No tiene un once definido pero cada una de las variantes se define sublime.

Pero la mayor diferencia no responde a variantes técnicas, nuevas caras o estilos distintos. Sino al deterioro de la marca desvergonzada. Mourinho ha parecido comprender que lo que en la temporada anterior presuponía una ventaja se tornó amenaza. Vislumbra que con tretas extra deportivas la virtud desaparece. El madridismo no quiere recordar para rehuir de la superioridad blaugrana, y esa es su mayor venganza fuera del campo. Pero sobre el pasto el desquite es diferente. En el césped hay que demostrarlo.

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