Sudores fríos

El peso de la Historia puede sepultar a los más grandes, a pesar de los profetas que niegan el privilegio que el tiempo ejerce sobre el presente. “La historia no me invita a hacer nada especial. Los números históricos no tienen ningún significado. La historia no juega”. Así de contundente se mostró José Mourinho en la víspera del encuentro frente al Bayern de Munich. El portugués, que ha demostrado que la crónica del presente se puede escribir de forma autobiográfica, no sucumbe ante los ademanes pretéritos. Sin embargo, las palabras se las lleva el viento.

Mourinho, experto en el arte de eliminatorias a doble partido, conoce los entresijos de manejar un crédito extra. Durante su andadura por la competición europea (con el Oporto, Chelsea, Inter y Madrid) ha exhibido una singular habilidad dominando los tiempos de los 180 minutos. En alguna ocasión la suerte vestía su elástica, y en otras, a pesar de discursos maquiavélicos, los árbitros apoyaron su empresa. Sea como fuere, Mourinho sobresale en Europa.

El encuentro de ida de semifinales de Liga de Campeones estuvo marcado por el raciocinio. Las dos escuadras se emplearon en defender los intereses tácticos en detrimento del espectáculo. Tenían un guión muy parecido: presionar en la medular e intentar galopar contraataques enérgicos. A pesar de la superioridad, no excesiva, del conjunto español, el Real Madrid no encontró la manera de hacer sucumbir a un Bayern demasiado interesado. Los alemanes, alejados ya del título de liga esperaban en la Champions el elixir mágico que reanimara los espíritus de una grada que pretende visitar su propio estadio el día de la final. Es éste un punto clave en las motivaciones de los teutones. Lograron el objetivo merced a un Madrid especulativo y rácano con el empate a uno. Olvidó Mourinho su plática sobre la Historia, y prefirió, como tantas y tantas veces, hacer morir el encuentro de aburrimiento. Le salió mala la jugada, porque Gómez, un cazador de estilo incierto, perseveró en su compromiso con el gol. El 2-1, augurio de las estadísticas cerraba un encuentro emocionante pero demasiado operativo.

Sin embargo, el resultado no descontenta a ninguno de los dos equipos. El Bayern sale reforzado y el Madrid se mantiene vivo con la ventaja de campo en su haber. De nuevo el Bernabéu retomará sensaciones de Champions, de esas que tantos olés desgarraron. Fuera de casa, el conjunto alemán puede ser todavía más peligroso, agazapado en su área, buscando una cuchillada en las alas del pasto o una zancada de Mario. El Madrid debe buscarle la cara al partido, y despejar los fantasmas de la temporada pasada. No ceder ante  la tentación de la precipitación y buscar alternativas a las galopadas en largo. Sentirse dueño y señor del encuentro.

Cada una de las opciones previstas para el partido de vuelta pueden ir y venir dependiendo del encuentro liguero de esta jornada. El Madrid, a cuatro puntos de distancia del Barcelona, visita el Camp Nou con la intención de dar un manotazo sobre la tabla. El resultado final y las sensaciones condicionará los partidos de Champions de ambos conjuntos. Más el del Madrid, que suele ceder ante las mutaciones.

El Barça, por su parte sabe a lo que juega. Lo demostró en su encuentro contra el Chelsea. De nuevo un duelo histórico, aunque esta vez atiende más a antojos contemporáneos, de esos que marcan el dinero negro. En su pretensión por hacer del fútbol algo más que espectáculo, e intentando alzar el balompié al oficio del arte, salió el Barcelona como sólo sabe hacerlo: a dominar la pelota. Síntoma inequívoco fue la presencia de Cesc en el centro del campo, en vez de Keyta, y la formación de la zaga. En vez de buscar la contención de la banda derecha del Chelsea con un seguro como es Puyol, Guardiola entendió que la forma de desactivar al español era alejándolo del área. Recompuso la línea defensiva e introdujo a un Adriano espléndido en tareas defensivas y ofensivas.

El conjunto blue, que parece no percibir otro camino que el de los trompicones, se entretuvo en defender su portería con una dupla de centrales sobresaliente y abastecer a Drogba de todo tipo de balones. El delantero no tuvo el día. Pero solícito y diligente encontró la recompensa a su soliloquio en la delantera. Bregó hasta lograr un gol que sabe a gloria. Máxime cuando el Barça dominó el encuentro a su antojo, pero erró en el colofón del gol. Como en el partido de Bayern y Real Madrid, el resultado no es demasiado malo. El Camp Nou se ha acostumbrado a decidir eliminatorias y las alternativas de los ingleses no parecen alterar el sueño del entendido. No obstante, el domingo podrían despertarse empapados en sudores fríos.

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