Contundencia de Campeón


A falta de dos jornadas para la conclusión de la temporada de liga el título madridista ya es corpóreo en su integridad. Un trofeo cobrado a base de la pegada que adjudica el talonario y la periodicidad de la cita con la victoria. Por primera vez en la historia del campeonato, San Mamés albergó a ras de césped las efemérides de un título foráneo. Como debe ser, y no como podía haber sido por la torpeza de los horarios. La contundencia del Real Madrid fue suficiente para doblegar un pulso impulsivo que adoleció de naturalidad en el conjunto local, mermado por propósitos venideros. El encuentro venía marcado por la diligencia madridista por celebrar el título cuanto antes y la intención local por espolear los ánimos como respuesta a la ofensa que consideran en torno a la polémica sobre la final de Copa. El Madrid entendía su compromiso y se empeño desde los inicios por encaminar el duelo hacia la celebración y evitar la incertidumbre que conlleva no amarrar el título. El 0-3, como la temporada anterior, fue tajante. Seco.

El Athletic Club, embajador de ilusiones y promesas, formó con sólo 5 jugadores que acostumbran en el once. Pero la ausencia de peloteros como Herrera, Muniain o Iturraspe no exigía desprenderse de ambiciones futboleras. Lo demostraron los de Bielsa con arrogancia en la presión e intenciones en la salida. Como acostumbran, los rojiblancos pretendieron semejarse a derroteros de odas y monumentos con el balón, buscando espacios y afilando verticalidad continua. Pero el ardor de entusiasmadas posesiones procura a los adversarios espacios en el retroceso, que se tornan absolutos cuando el rival es experto en el arte de hallar vacíos. El encuentro se mantuvo vivo durante 15 minutos. Los que tardó el Madrid en hacer de su ofensiva un zapatazo certero de Higuaín y una combinación impecable que concluyó con triunfo de Özil. El alemán, que acostumbra a servir asistencias, recibió una diagonal perfecta de Cristiano para embocar el balón. Antes, con el 0-0, Ronaldo erró de nuevo en el punto de penalti en un gesto de arrogancia o valentía, según los colores de la perspectiva. La paradinha quedó yerma y el luso no afinó en su lucha por el pichichi.

El 0-2 estimuló el pundonor de los rojiblancos que insistían en ejercer de anfitriones. El Madrid, a gusto en el repliegue, ofreció su juego al culto del contraataque y el partido resurgió en intensidad y ocasiones para ambos conjuntos. Propósitos más cercanos a una coyuntura ociosa que emotiva. El encuentro, de principio a fin, tuvo un sólo dueño.

El descanso, en vez de motivar ambiciones, entibió un duelo en el que no se pretendían sorpresas. Los de Mourinho se apropiaron de la autoridad y maniobraron con pragmática. El gol de Cristiano, además de fomentar la liza por el pichichi, y la roja a Javi Martínez contribuyeron al proyecto. La expulsión del internacional, por doble amarilla, fue injusta y abusiva porque envites semejantes no cobraron sanciones en los rivales. A medida que se acercaba el triunfo y el trofeo, crecían los gritos de ánimo de una grada que se abalanzó contra el 7 madridista. Ronaldo, crecido por la hazaña contestó con gestos de adolescente mimado.

La liga, que ya era una realidad, no acaba con la hegemonía blaugrana. Inicia una pugna deportiva y alivia tensiones. Para ello, el Barcelona debe manejar una transición que se supone aseada. La empresa no parece complicada porque la capacidad de la plantilla alcanza para ello. Evidencia de ello es el triunfo del Barcelona 4-1 ante el Málaga. Las aspiraciones visitantes por alcanzar los escalones de Champions se intuían de mayor calado que los del Fútbol Club Barcelona, que despachó el encuentro sin la ambición de objetivos pero con el oficio de su jerarquía y las inspiraciones de Iniesta. El de Albacete sirvió el primer gol a Puyol, provocó el penalti del segundo y asistió a Messi en el cuarto. El argentino que marcó tres, ya atesora 46 dianas y se fuga en la lucha por el pichichi además de aspirar a una marca de otro siglo.

En la otra liga, en la que se pretende evitar descalabros, la Romareda coreó a 35.000 voces el “Sí se puede” tras su victoria ante el Levante y la derrota del Rayo. La pugna por la permanencia, además de la reyerta por una plaza en competición europea, es el mayor atractivo para las dos jornadas restantes. La liga ya tiene dueño, pero todavía no ha terminado.

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