Epílogo bañado en llanto

Contemplar la lobreguez del hoyo origina sensación de vértigo. Cuando las sombras no permiten adivinar si el fondo está a cinco o a cincuenta metros, si el suelo está revestido con lanzas verticales o si un charco de excrementos y barro amortiguará la caída, el desconocimiento turba el ánimo y ensalza la nostalgia. Cinco equipos compaginan esas emociones que produce estar ondulando al borde del pozo, sintiendo el aliento de un verdugo deseoso de colaborar con un impulso al vertiginoso descenso. El equilibrio es materia de probabilidades: Villarreal (4% de posibilidades de descenso), Granada (11%) y Rayo Vallecano (23%) confían en que las matemáticas no volteen los números y poder mantenerse en primera. Aguardar el prodigio es asunto genérico que no sólo obedece al fervor religioso, por lo que Zaragoza (66%) y Sporting (97%) pese a sentir la atracción del agujero, suplican por la permanencia. Excepto los asturianos, que precisan de un enredo de resultados, todos los implicados dependen de sí mismos. Gestionar el desenlace de cada encuentro implicará el devenir de la siguiente campaña.

El domingo a las 22.00 h. el júbilo y desconsuelo se diluirán en llantos de distinto género. Es una de las imágenes más nobles de un deporte que tiende hacia la artificialidad. Las lágrimas, de uno u otro signo, son evidencia de humanidad, hombría y bondad. Llorar no es pecado. Es mortal.

La zozobra se ceba con las hinchadas de cinco ciudades encarceladas por la agonía. Desde el convencimiento inconcebible del “Sí se puede” zaragozano a la muestra de apoyo absoluto de la afición vallecana, que en el último entrenamiento del Rayo a puerta cerrada, colaron a 200 rayistas para mostrar su patrocinio. A pesar de que el prólogo obedece a particularidades distintas, todos pretenden saldar las cuentas. Sporting y Zaragoza sustentan sus esperanzas en una carrera de fondo tramitada con diligencia en los últimos kilómetros. Pero el aliento falla y las sospechan brotan desde la desconfianza o intencionalidad de terceros. Según se mire. Villareal y Granada observaban llegar un final agónico desde hace semanas, pero su incapacidad para abrir brecha con las posiciones del barro les condenan al sufrimiento. El Rayo, por su parte, que se apreciaba salvado, ha sucumbido a un galimatías que en las tres últimas jornadas le abastece de sopapos gratuitos.

La salvación la marca la decena de los cuarenta (según temporada). Los números para la permanencia son sinceros. Como también lo son las estadísticas de los conjuntos implicados en la liza por mantener categoría. De los tres porteros de la liga que más paradas han procurado a sus conjuntos, dos pertenecen a clubes implicados en el descenso: Juan Pablo, del Sporting, con 136 paradas, y Roberto, del Zaragoza, con 147 son tercero y primero respectivamente. Precisamente son estos dos guardametas los que más goles han encajado: Juan Pablo alcanza los 64 y Roberto los 61. Es complicado no cluadicar en la tabla ante tantas concesiones. En la orilla opuesta del catastro goleador, las cifras tampoco se acomodan a las necesidades de Villareal, Zaragoza, Sporting o Granada. Sólo el Rayo Vallecano, con dos individuos  filtrados en la clasificación de los 2o máximos goleadores, satisface sus menesteres (Michu con 15 dianas y Diego Costa con 10). Pero las estadísticas sirven para poco más que para rellenar artículos y analizar trayectorias. Lo sustancial e importante en el último encuentro liguero es cerrar la temporada con el objetivo cumplido y que, en un epílogo bañado en llantos, las lágrimas sean de signo positivo.

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