España negocia la Historia

La Selección Española se ha ganado el derecho a gestionar sus ambiciones para el Europeo y administrar sus necesidades de éxito. Contenido y continente de lo alcanzado hasta el momento proporciona un salvavidas para despejar titubeos y suministrar optimismo. Tras el último partido preparatorio antes de la competición oficial, ante la China de Camacho, la Roja descubrió carencias y falta de engranaje en distintos aspectos colectivos. Parte de la problemática deriva de la extraña concentración nacional, que hasta última hora no ha recopilado a todos sus convocados, y de la indecisión en puestos determinantes, sobre todo en ataque. El puesto decisivo, hace meses prometido a Fernando Llorente, se debate ahora entre el sevillista Negredo y el reciente ganador de la Liga de Campeones Fernando Torres. La necesidad por definir el referente ofensivo se sustenta en la confianza hacia un número determinado. Los tres jugadores atesoran argumentos en su disputa por la confianza, pero de la decisión dependerá el devenir del juego colectivo. En su esencia, la empresa combinativa invadirá con su aroma los pastos de Ucrania, pero los matices del perfume dependen de la ofensiva. Torres incorpora necesidad de reivindicación, diagonales y movilidad. Negredo, fino en el tramo final de la temporada liguera, ofrece posibilidades de acople al borde del área, incorporación al remate y guarida para balones complicados. Por su parte, el delantero del Athletic colecciona más dianas en su haber y posibilidades aéreas. Pero su actuación en las finales de Liga Europa y Copa del Rey le restan protagonismo, a pesar de haber sido el delantero más en forma de esta selección.

La solución del enigma se resolverá ante Italia, a pesar de que la presencia del titular no garantiza su continuidad en el once. Hasta ahora todo son pruebas. Evidencia de ello es la ausencia de Iniesta en la primera parte ante China. El centrocampista culé es uno de los ases que sostienen este castillo de naipes. Con su incorporación en la segunda parte la selección renovó su vestuario recordando aires de grandeza y demostrando aspiraciones artísticas en lances ofensivos. El éxito pasa por invocar el espíritu de las dos últimas grandes citas, las que elevaron nuestro fútbol a la bóveda de la basílica deportiva. Pero alejados de la competición oficial España ha traslucido lagunas ante selecciones de primer orden, como Argentina o Inglaterra, donde las penurias goleadores saltaron a la visa.

Pero el déficit goleador no emergió en la clasificación para la Eurocopa. En los 8 partidos disputados (contados como victorias) España anotó 26 goles, repartidos entre 10 jugadores, y sólo recibió 6. El dominio del mecanismo y la consciencia de las aptitudes es un trayecto adyacente a la victoria. Que España se reconozca en la moqueta equivale a una perenne lucidez en la que sostener las garantías de triunfo. No es sencillo alcanzar la triple corona, pero si hay una selección capaz de una gesta de tal magnitud, por ambición, calidad, juego y talento, España es la elegida.

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