Eliminatoria de ida o vuelta

Después de 60 celebraciones de gol y ningún empate a cero, la Eurocopa cabalga hacia las pasiones más irracionales, aquellas que florecen en los partidos, que desde cuartos, deambulan al borde de la navaja. Con los encuentros de eliminatoria se descubren los excesos y carencias de cada plantel. Especular en estas regiones puede resultar mezquino y nocivo a medio plazo, pero el asombro apalea a la cordura cuando se negocia con tacaño interés. Ya lo hizo Grecia en la Eurocopa de Portugal sorprendiendo a las casas de apuestas. Ese mismo año, el Oporto de Mourinho alzó la Liga de Campeones con la extrañeza con la que el Chelsea lo logró este curso. Que recen los dirigentes del cotarro para no ceder a la zozobra de los avaros.

España está libre de sospecha, a pesar de la petulancia (¿excesivo?) con la que se tramitó el choque ante Croacia. Concebir el empate como atributo para los cuartos hizo de La Roja rapiña para despojos del toque que nos encumbrara. Tramitar cada encuentro con algazara y superioridad es una tarea peliaguda que algunos se obstinan en negar. No hay plantilla moderna capaz de levantar un trofeo caminando con lozanía en cada uno de sus encuentros y que no sucumba, en un momento determinado, a la ayuda pagana del azar. España no es una excepción. Sin embargo, se levantan andamios de reproches en cada una de las decisiones de Del Bosque.  Hay quien considera un ultraje criticar las resoluciones del seleccionador que nos hizo campeones del mundo, como si la detracción y el juicio no ayudasen a avanzar hacia la racionalidad. El análisis crítico es sano y necesario siempre que se administre con honradez y se enfoque hacia el beneficio general. Los habrá, sin embargo, que lo tomen como desquites personales. Allá ellos.

Sea como fuere, España enfila los cuartos ante una selección imprevista. Francia, que decepcionó en el último mundial, crece con el entusiasmo que suscita, a ratos, el trapecio ofensivo. Los blues, se presupone, renunciarán a la pelota para defenderse con bandazos intermitentes. España propondrá el dominio que acostumbra, con o sin nueve. Precisamente fue Francia la última selección que eliminó a La Roja en un partido de eliminatoria de la fase final de una competición internacional. Por aquel entonces, Zidane adiestraba la cordura de su selección con la finura que le distinguía. A día de hoy, sin el astro, Francia se debate ante el resurgir de una generación con fútbol y capacidades. Sus problemas más recientes provienen del disgusto que sufrieron ante Suecia en el último partido de la fase de grupos. Con el combinado de Ibra ya eliminado, mostraron los franceses sus carencias defensivas y de motivación. Después de la derrota, por dos a cero, Francia se desquebrajó en el vestuario olvidando la trayectoria que les trajo a la Eurocopa. La fiebre agrieta. Se alcanzó tal temperatura que se especuló por momentos con el posible abandono de Ben Arfa. Dos días depués, con los ánimos sosegados, el berriche queda como anécdota.

Abre los cuartos de final la selección Portuguesa y República Checa, que comenzaron con dudas pero abordan el pulso pletóricas. El partido, idóneo para los galopes lusitanos, se presenta como una inmejorable peana para Cristiano Ronaldo y sus ambiciones en el Balón de Oro. Reincidir con un ejercicio de soberbia deportiva y esplendor goleador le aproximaría a un trofeo con acento argentino.

Alemania, que por estética y robustez se asemeja a una escultura renacentista, presentará credenciales ante Grecia. El partido, marcado por el carácter socio-político que invade Europa, contiene todos los argumentos para un espectáculo tenso y tirante. Los teutones, única selección que ha ganado sus tres partidos, son los favoritos. Grecia se aferrará al espíritu de la Eurocopa de Portugal para seguir administrando esperanzas en un pueblo mermado socialmente.

El último partido de cuartos aguarda un choque entre Inglaterra e Italia. Los pross, que ya han recuperado a Rooney no terminan de proponer una praxis eficiente. Todavía no han perdido, pero su fútbol dista mucho del de las grandes favoritas. Sólo sus aparejos temperamentales pueden sentirse como determinantes. Italia pretende ofrecer condiciones suficientes para pasar a semifinales. Alejada de su idiosincrásica pragmática de catenaccio, la azurra propone una versión más linda de sus cualidades. Sin hacer ruido se ha colado, como siempre, en unos cuartos de final que se antojan divertidos. Veamos a dónde nos llevan.

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