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España no fue España

Rugió Wembley al final del encuentro con el bullicio y follón que conceden las gargantas tras ganar a la Campeona del Mundo. Rugió en revuelta y jolgorio por verse su autoestima azuzada por la victoria de un amistoso intrascendente. Pero victoria al fin y al cabo. Logró la azaña Inglaterra asentada en el manual capellista al amparo de la consistencia defensiva y el anhelo de una oportunidad que no desperdiciaron. España jugó a lo suyo, dominando la posesión y el toque, pero extrañando la brillantez característica que le dotasen  un hueco en la Historia del libelo balompédico. Jugó como abobada por el nécatar seductor de las amapolas, como si el colosal y enmudecido minuto de silencio hubiese aturdido la capacidad de conexión. Fue España pero sin serlo.

Al amparo de los éxitos La Roja se siente infalible y reconoce estos encuentros como choques de segunda fila. Los juega porque tiene que hacerlo, con su estilo propio e intentando, eso es seguro, agrandar esa nobleza cosechada a base de victorias y buenos quehaceres. Pero no lo hace con el convencimiento que demuestra en las grandes citas o en los choques oficiales. De nuevo, esta vez ante Inglaterra, el orgullo nacional sale herido en un partido amistoso. Aviso para navengantes.

Venía el encuentro marcado por la ausencia de Rooney y la suplencia, investigación policial de por medio, del capitán Terry. Pero sus bajas no se sintieron definitorias; Inglaterra siempre juega a lo mismo y lo demostró anoche. Por su parte Espana, enfundada en la nueva elástica, regresó al falso 9, amparado en el poker de bajitos. No sirvió de nada, porque el toque magestuoso no logró cimentarse en últimos pases eficaces. Por cuarta vez (Argentina, Portugal, Itala e Inglaterra) desde que alzase la Copa del Mundo la campeona salió derrotada por una de las “grandes”.

La primera parte pasó sin pena ni gloria. Villa no acertaba en los movimientos, Silva no deslumbró como acostumbra y la bola se movía con parsimonia. Triste reflejo de citas no oficiales. Inglaterra se replegaba con eficacia y presionando el centro del campo español intentaba galopar las contras con cierta visión. Walcott era una bala en la banda derecha, aprovechando las pocas internadas del valencianista Alba. El lateral derecho tampoco lució como acostumbra pero ganamos un central con galones de líder. Quizá lo mejor del encuentro fue reconocer en Ramos ese zaguero patronado en las echuras de la jerarquía. Como acostumbra en su equipo en las úlitmas fechas, el madridista demostró que su cabeza se asienta mejor en el centro de la última línea: salió al corte, potente de cabeza y sacando el balón.

La segunda parte comenzó con cambios de cromos. Sustituiones diplomáticas que dieron a Reina, Mata y Fábregas primero, y Torres, Puyol y Cazorla después, una oportunidad en el mítico Wembley. Quizá si Llorente jugase en la vieja isla hubiese entrado en los planes. Pero esa es otra historia. España continuaba fallona y algo abobada. Sólo el gol de Lampard, tras una falta lateral mal defendida abofeteó a los nuestros. Milner colgó el balón al punto de penalti y Bent, en una estampa de delantero poderoso se elevó sobre la maraña de jugadores para empalar el balón en el póster. Lampard, a placer ante la apatía española empujó el balón a la red. Un gol engañoso, porque ni Inglaterra ni Lampard lo merecían. Demasiado premio para un capitán agónico.

Se reactivó España tras el sopapo y tornó el encuentro en un asedio a base de pases interiores y consistencia. En más de una ocasión un pelo de elefante nos separó de un merecido empate que acabase con la moral numantina de los ingleses. Pero no llegó el ansiado gol. Cesc la tuvo un par de veces, Piqué no definió tras una jugada beckenbaiana, y Villa, que tuvo las mejores ocasiones, parecía negado. En la primera, tras un pase medido de Busquets con el que eludió dos líneas defensivas, no definió con soltura.  En la segunda el 7 empalmó de bolea y fuera del área un balón que repelió el poster (con regalito del defensa incluido). 3+1 se denomina en baloncesto. Pero ni esto es baloncesto ni Villa anotó el triple. Algo le pasa al máximo goleador de la Roja.

La derrota no despierta fantasmas, porque esta selección no entiende de eso. Pero recuerda que no somos invencibles. Esperemos que sólo afecte a estos partidos intrascendentes alejados de la competición oficial. Aviso para navegantes. Recibido.

Goodbye Pellegrini

Me entero por Twitter de que esta tarde, a eso de las 18.30, Florentino ha convocado a la prensa. Suenan por las lejanías rumores sobre el cese de Pellegrini como entrenador del Madrid. Su puesto será ocupado, como medio mundo sabe, por el portugués Mourinho. No me lo esperaba, mira por donde. Pero resulta sorprendente que, después de que la prensa lleve varias semanas anunciando el trueque en el banquillo merengue, todavía no se haya anunciado nada. El señorío que difundía Florentino tras su investidura como presidente blanco, ha brillado por su ausencia. Un club de talla mundial que aspira a ser ejemplo en el mundo deportivo no puede, no debe, afrontar situaciones de modo tan infantil.

No es el momento de analizar si el cambio es arriesgado, necesario u obligado. Pero sí es la ocasión de preguntarse por el propósito que ha llevado al club de Concha Espina a eternizar la agonía de un entrenador que se sabía destituido antes de terminar la liga. Un caballero como Pellegrini, será mejor o peor entrenador, (adecuado o no para el Madrid), no merece el trato denigrante que se le ha concedido. Bien es cierto, supongo, que se marchará del club con un buen pellizco bajo el brazo. Pero al fin y al cabo, para eso están los contratos. Si me echan que me echen, pensará el chileno. Equipos no le faltarán.

Y es que Pellegrini ha echo las cosas bien, mejor de lo que otros hacen ver. Y todo a pesar de haberse encontrado con dos inconvenientes de tallaje XXL. Ambos ajenos a la plantilla: el primero es coyuntural, y es competir con el mejor equipo del mundo. Poco se puede hacer contra un conjunto tan bueno, tan equilibrado, casi perfecto. Sin embargo, la diferencia matemática, dice que el Barça es mejor que el madrid en 3 puntos. El segundo handicap, no por ello menos duro, pero sí más injusto, ha sido el discurso marciano de Marca, que parecía sustentado en alguna afrenta personal. Pero Marca ha conseguido, parece ser que así lo anunciará Florentino, lo que se propuso.

Esta tarde lo veremos. Quizá me haya precipitado al escribir esto, y el señor Perez anuncie la continuidad de Pellegrini y la absurda persecución contra el chileno quede en nada. Lo dudo.

CR9 es el futuro

Hace unos años le preguntaron a mi hermano qué quería ser de mayor. Contestó que jubilado. Y es que pensaba que esta ocupación era perfecta para no hacer nada, o al menos para hacer muy poco: dirigir las obras de la Plaza de España desde el vallado de prevención, confesarse 2 veces por semana, echar la partida de mus con un palillo medio roído por la acción higiénica… Pero a pesar de la beldad de esta actividad de naturaleza sutil, su inevitable vecindad con el fin de los días hace que sean pocos los que ansían presentarse a la oposición de jubilado. El mañana queda vacante y mi hermano todavía no sabe qué quiere ser.

En los tiempos que corren las niñas ya no quieren ser princesas, y los chavales ansían un porvenir en la Fórmula 1. Pero yo propongo algo mejor, una profesión muy bien remunerada y con una presencia mediática insuperable: el futuro está en imitar a CR9. Qué mejor manera de ganarse la vida que poniendo caritas, luciendo un pelo con sobredosis de fijador y brintalina, y una tez de bronce y soñolienta; entrenando por las mañanas y volviendo locas a las quinceañeras por las tardes. Eso es vida, si señor. Y por si los argumentos no llegasen a convencer al personal queda observar ese tronco musculoso, esos abdominales – más finos y estéticos que los del mismísimo Aznar -, esa forma de moverse elegante y feroz que al alzar los brazos recuerdan a ese quiróptero insectívoro de Gotham.

Otra opción es emular a Messi o Xavi. Pero eso está más jodido, te obliga a estar en los momentos clave y aparecer cuando el resto no hace nada. Además no son tan altos ni anchos como Cristiano.

Impresiones

Llevo toda la mañana pensando si escribir o no sobre el tema del día: el partido de Champions en el que el Real Madrid se juega su continuidad en Europa. Es el momento clave (uno entre tantos) de este equipo dibujado para alcanzar los máximos éxitos. Sin embargo, comienzo a pensar que hablar de fútbol es un recurso tan extendido en nuestro país que no voy a decir nada nuevo. Todo está dicho, ya sea por el periodista de turno o por el trabajador que comienza la mañana en el bar de José y conversa con sus amigos entre el olor del café recién hecho. He ojeadodo varios diarios deportivos y ninguno logra eludir los grandes tópicos, la propia jerga de este fenomenal ambiente. Todo el colectivo del fútbol maneja un lenguaje similar, unas metáforas sospechosamente idénticas y un modo de expresarse que no varía entre la mayoría. Parece que un demiurgo deportivo maneja los hilos del mundillo y no permite que nadie rebase los límites que ha impuesto: “el partido de esta noche es una gran final”, “es el momento oportuno para medir el potencial del conjunto blanco”, “los de Pellegrini están obligados a no fallar”, “se invocará al espíritu Juanito de las grandes noches europeas”… ¡Pamplinas!

Estoy harto de leer lo mismo una y otra vez, pero he de reconocer que yo he sido el primero en caer en este estructuralismo cuando de fútbol he hablado. Es fácil quejarse, sin duda lo más fácil, lo complicado es proponer soluciones. No obstante, la continuación de esta línea periodística tendrá algo que ver con su éxito. Dudo mucho que permaneciera inalterable si no tuviese un público potencial adaptado ya. Pero debemos ir más allá. Debemos eludir esas previas informativas cuyo contenido, de no ser por el nombre de los equipos, valdría para partidos distintos. ¿Y cómo lograrlo?

Es necesario huír de esos vulgarismo repetidos una y otra vez. Por ejemplo, partido del siglo SÓLO hay uno, y aún no ha llegado (llegará cuando España juegue la final del Mundial). Que no nos hagan creer que en una temporada pueden llegar a encontrarse cuatro de ellos. Y cuando lo hagan, no les creamos.

Que no nos digan que el Madrid tiene atado a medio centenar de jugadores. Que no nos inyecten, como si de una droga se tratase, la opinión de que Guti se merece ir a la selección. Que no sugieran la madriditis ni suelten el rumor de que Guardiola comienza a salirse de sus casillas. Que no divulguen una crisis por dos malos resultados. Que no nos digan lo que tenemos que pensar, porque por mucho que Cristiano le rompiese la nariz a Heitinga sin intención, una agresión es una agresión. Que no vistan a Casillas ni Palop como santos. Que no eleven a las alturas a medio-jugadores como Canales, que todavía no han demostrado nada. Que no nos vendan duros por cuatro pesetas. Y si lo hacen no les creamos.

El fútbol es un mundo maravilloso. Y también es una mafia: desde las categorías inferiores de juveniles que se rifan a chavales de 16 años (venga por favor, dejémosles jugar al fútbol), hasta los más altos niveles de la profesión, donde se pactan salarios descomunales por posar con los calzoncillos de Calvin Klein. Esta noche es noche de Champions, y a las 20.30 seré el primero que, cerveza en mano, tendrá los pelos de punta al oir sonar el himno de esta competición. Sin embargo a las 23.00 el resultado habrá quedado obsoleto en mi magín. Gane o pierda el Madrid, mañana tendré que levantarme a la misma hora y volver a encender el ordenador para escribir mis impresiones sobre el partido. Y nadie me deberá nada.

Dei Nikolayevich