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El triunfo a cambio del alma

Con la trigésimo segunda liga lograda por el Real Madrid, el conjunto blanco recupera el espacio que Florentino Pérez codiciaba desde su llegada hace cuatro años, en su segunda embestida como líder supremo, a la dirección de “La Institución“. Una dimensión de deshago que redime defectos del pasado y pero atenta con consecuencias colaterales. El título, formidable en cifras y percutido en lances contra el mejor Barça, es un bufido de aptitudes con el que recobrar la vehemencia y el refulgir de un club a la sombra de un coloso. Florentino Pérez ha alcanzado su objetivo a costa de subastar la limitada tolerancia a la serenidad de proyectos de futuro. Algo así como vender el alma al diablo.

Florentino hizo del señorío el emblema de su obra en su regreso a la entidad blanca. “Hay que devolver el Madrid al lugar que se merece y recuperar sus valores”, repetía en 2009, rememorando la mala praxis en sus predecesores, como la asamblea fraudulenta durante el mandato de Ramón Calderón. Para ello se amparó en escuderos más o menos admirados en el quehacer de sus funciones, pero impávidos en la decencia y la honestidad, como Jorge Valdano. Sus justiprecios pueden sentirse desmesurados y sus circunloquios excesivos incluso para un agudo argentino, pero su finura y ademanes deferentes no engañan. Valdano despachaba con inteligencia los contratiempos merengues procurando pocas veces titulares inconvenientes. Era dueño de una palabra gentil y educada. Pero su figura, imprescindible en el retorno de Florentino a la pesidencia, se tornó accesoria ante la necesidad de un cambio de rumbo. La seducción de los atajos sustituyeron a la lacerante paciencia. Desde la primera rueda de prensa de Mourinho, la facha del duo Jorge-José parecía impostada.

La trifulca entre Mourinho y Valdano germina en una serie de artículos del argentino en el ejercicio como analista de fútbol en el que criticaba los métodos del portugués. Con la temporada en curso, su convivencia se definió inviable y Florentino escogió a su aliado.

La preferencia marcó la hoja de ruta de un club en el que dominaba la necesidad de triunfos. Mourinho, alentado por el espoleo de su líder optó por sentar las bases de un dominio en el que era complicado replegarse. Con capacidad de mando, el entrenador blanco sometió a sus jugadores a la dictadura del soliloquio victimista y desvinculó al club del rumbo señorial que tanto defendió el presidente. En vez de instruir y encauzar el navío, Florentino estimuló la retórica del portugués en la Asamblea de Socios.

Lejos quedaban los momentos en los que se desestimó (oficiosamente) el fichaje de algunos jugadores en pro de no resquebrajar la imagen del club. El término “señorío” había alcanzado matices hasta entonces exiguos en la definición del vocablo. Mourinho era el señorío, y sus acciones señoriales. Con el consentimiento de la jerarquía y la aprobación de una afición que le corea y aplaude tras perder la liga ante el Fútbol Club Barcelona, el portugués conocía que sus galones eran sólidos.

La decadencia de su praxis ha evolucionado hacia una degeneración estrafalaria en la que el segundo entrenador vocera un guión adefesio. El esperpento alcanzó la parodia cuando Karanka se refirió al adiós de Guardiola.

Evidente, querido Watson Aitor. Como evidente es su posición.

El enésimo capítulo del grotesco señorío que anhelaba Florentino se vivió en la festividad conmemorativa del trigésimo segundo título de liga. Mourinho, neurótico en su egolatría señalaba al cielo una y otra vez que había logrado siete trofeos de liga. Su mérito, debía pensar, estaba por encima del Real Madrid. Al fin y al cabo, compró el alma del club.

El caballo del malo

No soy amigos de grandes dispendios ni verborrea gestual. Celebro los goles con el corazón contenido en ademanes alejados de parafernalias exquisitas que levanten el vuelo. Soy conservador en aspavientos. Quizá por eso, en caso de ser entrenador, nunca me lanzaría al césped de rodillas ni correría fanfarroneando a lo largo del área técnica. Quizá por eso no me gustan las posturas alborozadas de Mourinho que levantan ampollas allá donde pasa y propaga herbicida sobra la césped que pisa y que parece que no volverá a crecer.

Pero no convivir con el protocolo del luso no le acredita como el malo de la película, ni todos sus gestos deben tomar la categoría de mojón deportivo. El pasado sábado 19 de noviembre, durante el encuentro que enfrentaba al Valencia con el Real Madrid, Mourinho celebró el gol de Cristiano, el 1-3, a lomos de Callejón. Lo hizo en un gesto de explosión entusiasta celebrando un tanto que parecía encarrilar la victoria en un territorio adverso. Sin embargo el saltito ha adquirido el cariz de gesto revelador, y Callejón se convirtió en el caballo del malo.

Mourinho, dicen algunos, cabalgó sobre un tic humillante para el valencianismo. Aspaviento antipático que le pudo salir caro si el árbitro en vez de córner hubiese concedido penalti por mano de Higuaín. No sufrió las consecuencias del posible empate, pero sí las de la crítica de cierto sector de la prensa.

Para salir absuelto de su festejo particular, Mourinho  aclaró que el saltito no insultaba a Mestalla sino que, por el contrario, su afición debía entenderlo como un acto de concordia para con ellos. Vino a decir algo así como que una celebración tan sentida debía alegrar a la parroquia valencianista por no poner las cosas sencillas al todopoderoso. Excusas baratas.

En su presentación como técnico blanco, Mourinho aseguró que no iba a cambiar. Por eso no es de extrañar que trote en la grupa de sus pupilos cuando la victoria está al caer, ni que escupa palabrería asentada en la excusa de la hipocresía de la prensa, ni que se sienta víctima de una conspiración internacional que pretende elevar al Barcelona a las alturas. Sabíamos cómo era, cómo actúa y qué podíamos esperar de él.

El portugués tiene un estilo cimentado en la polémica del verbo fácil. Formas bandidas que se han vuelto contra él y reaccionan a cada uno de sus actos con embestidas. Todo se mira con lupa. Y aunque su ademán de jinete obedezca a la explosión del sentimiento, él mismo se lo ha buscado.  Al fin y al cabo, se subió en el caballo del malo.

Artículo en Vavel.com

Goodbye Pellegrini

Me entero por Twitter de que esta tarde, a eso de las 18.30, Florentino ha convocado a la prensa. Suenan por las lejanías rumores sobre el cese de Pellegrini como entrenador del Madrid. Su puesto será ocupado, como medio mundo sabe, por el portugués Mourinho. No me lo esperaba, mira por donde. Pero resulta sorprendente que, después de que la prensa lleve varias semanas anunciando el trueque en el banquillo merengue, todavía no se haya anunciado nada. El señorío que difundía Florentino tras su investidura como presidente blanco, ha brillado por su ausencia. Un club de talla mundial que aspira a ser ejemplo en el mundo deportivo no puede, no debe, afrontar situaciones de modo tan infantil.

No es el momento de analizar si el cambio es arriesgado, necesario u obligado. Pero sí es la ocasión de preguntarse por el propósito que ha llevado al club de Concha Espina a eternizar la agonía de un entrenador que se sabía destituido antes de terminar la liga. Un caballero como Pellegrini, será mejor o peor entrenador, (adecuado o no para el Madrid), no merece el trato denigrante que se le ha concedido. Bien es cierto, supongo, que se marchará del club con un buen pellizco bajo el brazo. Pero al fin y al cabo, para eso están los contratos. Si me echan que me echen, pensará el chileno. Equipos no le faltarán.

Y es que Pellegrini ha echo las cosas bien, mejor de lo que otros hacen ver. Y todo a pesar de haberse encontrado con dos inconvenientes de tallaje XXL. Ambos ajenos a la plantilla: el primero es coyuntural, y es competir con el mejor equipo del mundo. Poco se puede hacer contra un conjunto tan bueno, tan equilibrado, casi perfecto. Sin embargo, la diferencia matemática, dice que el Barça es mejor que el madrid en 3 puntos. El segundo handicap, no por ello menos duro, pero sí más injusto, ha sido el discurso marciano de Marca, que parecía sustentado en alguna afrenta personal. Pero Marca ha conseguido, parece ser que así lo anunciará Florentino, lo que se propuso.

Esta tarde lo veremos. Quizá me haya precipitado al escribir esto, y el señor Perez anuncie la continuidad de Pellegrini y la absurda persecución contra el chileno quede en nada. Lo dudo.